jueves, 30 de julio de 2015

Ayudas Ramón y Cagal: evaluación del candidato



jueves, 9 de julio de 2015

Soñando con Plutón

Cuando era joven (más aún, quiero decir), leí un relato de Howard Phillips Lovecraft en el que el protagonista interactuaba con unos seres venidos de otro mundo, del que decían se hallaba situado más allá de Neptuno. Como en toda obra de Lovecraft, el pobre hombre se pasa medio libro dudando entre si los acontecimientos que vive transcurren en la realidad o en un mundo de pesadilla, cuestionando tan absurdo concepto puesto que todo el mundo sabía que el sistema solar solo tiene ocho planetas, siendo Neptuno el más lejano. Hasta que, ¡oh sorpresa! De repente los periódicos saltan con la noticia de que los científicos acaban de descubrir un noveno planeta, al que denominan con el ominoso nombre de Plutón.



Recreación de los extraterrestres imaginados por H. P. Lovecraft en su mundo (fuente)

lunes, 6 de julio de 2015

Irse fuera

Mientras escribo estas líneas, el compañero y amigo Santi se encuentra allende los mares, experimentando en sus propias y magras carnes las grandezas de la movilidad exterior. Pero tranquilos, no temáis ni os acongojéis, puesto que su caso no es un exilio forzado ni una emigración impuesta; el chico se encuentra haciendo lo que en el mundillo investigador se viene a denominar una estancia, es decir, pirarte unos meses a otro país para incorporarte temporalmente a un grupo de investigación en pos de aprender una técnica que no puedes hacer en el tuyo, o completar un trabajo que requiere alguna maquinaria o persona que no puede transportarse a través de un cable de fibra óptica. Dado que el lugar escogido, aconsejado por mi maquinadora mente, ha sido el mismo al que yo hace ya la friolera de diez añazos también acudí con las mismas intenciones, se han despertado en mí una serie de memorias y sensaciones que me han hecho reflexionar sobre las bondades de viajar al extranjero. Y como en este santo blog hemos sido bastante críticos con la idea del exilio obligado y el postdoc en el extranjero como requisito sine qua non para desarrollar una carrera científica digna y de relevancia, quiero aprovechar para dar hoy una visión de la otra cara de la moneda, loando las virtudes de visitar tierras bárbaras y animando a los jóvenes y jóvenas que lean estas líneas a lanzarse a la aventura. Eso sí, con cabeza. Y cuerpo, ya puestos.

Goscinny y Uderzo fueron visionarios en el tema de la movilidad exterior (modificado a partir de aquí)

Viajar mola. Y visitar otros laboratorios/grupos de investigación, más o menos cercanos, es algo que siempre suma y nunca resta. Vaya esto por delante. Para mí fue una de las experiencias más alucinantes de la tesis, llegar a Manchester, Reino Unido, y por mucho que me hubiesen dicho que era una ciudad fea, y que en Inglaterra siempre llueve y todo eso y lo de más allá, el pasar de la noche a la mañana a convivir con gente distinta, aprender de una vez por todas a manejarme en inglés (por muchas clases, academias y visitas previas a las islas que ya hubiese realizado), encontrarme con una diversidad de culturas, razas y nacionalidades en una universidad auténticamente internacional, integrarme en un grupo donde se trabajaba con técnicas diferentes a las que yo estaba acostumbrado, enfrentarme a burócratas y normativas aún más draconianas que las que dejé atrás en mi país natal (increíble pero cierto)... todo ello contribuyó a la forja de mi actual carácter y me dotó de experiencias muy valiosas para mi futura carrera y para la vida en general. Y eso que estoy hablando de apenas tres meses (aunque aún visité más veces el lugar para terminar algunas cosas pendientes).
Además, este periodo tiene una ventaja adicional: sirve como entrenamiento, para saber hasta qué punto a uno le gustaría o no hacer una estancia postdoctoral en el extranjero. Algo que antes era casi obligatorio, ahora se puede elegir (máomeno), y aunque sigue condicionando demasiado el futuro investigador (yo lo sufro en mis propias carnes), lo  que nadie se atreve a decir claramente es que no todo el mundo está preparado para vivir en el extranjero. Hay quien no es capaz de ser feliz sin visitar a sus padres una vez por semana, y  quien entra en depresión si no come al menos una vez al mes una paella de su abuela. Esto normalmente se esgrime como características peyorativas, debilidades del carácter que le merman a uno valor como profesional. Pero para mi, que alguien sea feliz cuando realiza su trabajo es bastante importante. Y en un mundo como el actual, globalizado y comunicado hasta la náusea, es ridículo pretender que para avanzar en cualquier proyecto sea imprescindible viajar fuera. ¿Recomendable? Por supuesto, siempre. Y por eso quiero animar a la gente a que se marche, a que se curta el lomo, a que disfrute una experiencia maravillosa y enriquecedora como pocas. Este es un mensaje para motivar a los que empiezan, pero para pedirles que sean consecuentes y tengan cabeza, que no perpetúen el estereotipo de que el que se queda es por ser un paleto provinciano sin ambiciones, o al menos que si lo hacen, sea porque lo han experimentado antes y piensan que es así realmente.


Desarrollar parte de la tesis doctoral en otro grupo es muy beneficioso, y en mi opinión hacerlo en este tramo de la carrera investigadora es cuando más beneficios aporta. Y una de las razones para afirmar esto, es que durante ese periodo eres, entre otras cosas, MÁS JOVEN. Sin ataduras, sin familia, y capaz de separarte de tu pareja sin que sea un dramón, normalmente. Con una fecha de vuelta, y un trabajo por terminar esperándote. Así da gusto viajar. Yo no he vivido la experiencia de pasar varios años en el extranjero, y estoy seguro de que me hubiera encantado; pero ha sido una elección personal, basada en múltiples factores. Así que no me gustaría que se usase mi ejemplo para ni siquiera probarlo, que nadie diga "pues el Dr. Litos no se fue al extranjero y míralo qué bien publica y cómo da clases". Primero, porque siendo sinceros el no haberme ido es una losa que arrastro y que me impide acceder a muchas posibilidades laborales, por increíble que parezca hoy día y por bien que yo considere que estoy desarrollando mi carrera, en términos generales (oficialmente y según los cánones de la excelencia, está bien claro que no es así). Y segundo, porque las circunstancias de cada cual son personales e intransferibles, y en este tipo de decisiones hay un gran componente sentimental que se tiene que valorar de manera subjetiva e individual. Por eso no se puede ni generalizar diciendo que es imprescindible irse fuera, ni rechazar la opción de plano asumiendo que hoy día no aporta nada. Claro que aporta. Claro que debéis probarlo. Desde aquí os animo a hacerlo, y a compartirlo, pero si con unos meses o un añito ya os vale y no os veis capaces de repetir la experiencia más adelante, o vuestra pareja no le da la gana de seguir vuestros pasos nómadas... no sufráis. Haced el esfuerzo como otros hicimos antes, de predicar con el ejemplo, y desarrollad el trabajo más esforzado y relevante que podáis en vuestro país. Y si lo hacéis habiendo probado la experiencia, vuestra decisión siempre tendrá más valor. La verdad es que si yo me basase en mi caso personal, no podría sino recomendar la experiencia: aprendí mucho, conocí gente majísima (hice buenísimos amigos de distintas nacionalidades, cosa que me ha ayudado a mejorar mucho mi inglés escrito por seguir manteniendo el contacto), le di a mi tesis el empujón que necesitaba, y en fin, me divertí cosa mala. No se puede obviar el factor suerte y el caer junto a jefes molones y respetuosos con los guiris, pero bueno, en cualquier caso el vivir fuera una temporadita también ayuda tanto a valorar lo que dejas atrás, como a saber si podrías ser más feliz fuera de tu casa.

El amigo Santi ha aterrizado en la pérfida Albión y se ha topado con un mundo hostil, un grupo de bioinformáticos encerrados en sus propias pantallas y un trabajo de laboratorio que le resulta ajeno y agreste. Pero estoy seguro de que, extrovertido como es, y ávido de aprender y vivir experiencias, pronto se hará con el control de la situación y agradecerá haber tomado la decisión de lanzarse a la aventura. O tal vez no, y se vuelva arrepentido y seguro de que nunca va a querer juntarse de nuevo con angloparlantes antisociales. En tal caso, y aun después de haber recibido la paliza correspondiente por haberle metido en semejante fregado, no podrá negar que realizar una estancia en un grupo dirigido por un tipo llamado Magnus (de nombre, ojo, en serio) es una experiencia única e intransferible, digna de ser contada a los nietos.


El nuevo jefe de Santi; arriba, aleccionando a sus becarios en una reunión de grupo (imagen) y abajo, respondiendo a los revisores en una de sus publicaciones recientes (imagen)



Pues esto es todo cuanto tenía que decir respecto a las estancias en el extranjero, pero por supuesto podría escribirse mucho más al respecto. Es algo que siempre se ha asociado al buen desarrollo del trabajo científico, con lo que estoy parcialmente de acuerdo, aunque en la actualidad se podría debatir muy mucho cuáles son los beneficios auténticos. Está claro que los amiguetes que han hecho su postdoc en países más civilizados y avanzados que el nuestro, o les ha ido mejor en sus carreras, o al menos han vivido (o están viviendo) una verdadera revolución a nivel laboral. Se puede hacer buena ciencia por aquí cerca, pero cuesta mucho y en muchos casos uno se queda con la sensación de que no da para más.

 Así que, para decirlo en lenguaje popular y con el que todo el mundo pueda identificarse: si amáis la ciencia... ¡irse fuera!





sábado, 13 de junio de 2015

Ponga un Nobel en su vida

Hace unos días acudí a una cita en la que se nos ofrecía la oportunidad a los "jóvenes investigadores" (colectivo que hoy día aglutina desde la muchachada recién salida de la carrera, hasta los que peinamos canas, curiosidades de nuestro ámbito) de pasar un rato en compañía de algunos científicos galardonados con el premio Nobel, haciéndoles las preguntas que considerásemos pertinentes y disfrutando de su sabiduría y ejemplo, tal vez contagiándonos de la intensidad con que la Fuerza habita en tan nobles, distinguidas y preclaras mentes. Lo escribo así, desde el cachondeo, porque siempre me ha parecido un poco ridícula la forma en que se trata a estos señores, como si el hecho de ganar un premio Nobel le otorgase a uno una especie de divinidad mediante la cual su mera presencia en un acto aportase destellos de luz a las mentes cercanas. Por otro lado, es bien cierto que nosotros mismos somos los primeros en admirar sobremanera las carreras y los hallazgos de estos supercientíficos, así que nadie está libre de culpa. En cualquier caso, la ocasión podía ser interesante, y casi más importante aún, el jefe estaba empeñado en que fuésemos a agasajar a los eruditos, así que allí me planté. Os contaré a continuación un breve resumen de las impresiones que me llevé y alguna de esas (absurdas) reflexiones que me surgen cuando pienso en lo que rodea el trabajo científico y sus implicaciones para la vida y la Humanidad; así, en general.



En primer lugar, hay que reconocer que juntar en una misma sala a los científicos responsables de que hoy día sepamos cómo las células etiquetan específicamente el material que deben desechar, cómo el ADN se enlaza con las proteínas que dan forma al cromosoma, el papel del óxido nítrico en la regulación de la circulación sanguínea, o responsables de crear una técnica que permite medir la corriente eléctrica que pasa a través de un único canal situado en la membrana plasmática de una célula particular, es algo que impone (especialmente si lo lees así de seguido y sin respirar). Son personas cuyo trabajo ha roto moldes, ha cambiado nuestra perspectiva de cómo funcionan los organismos, han explicado conceptos que han permitido entender enfermedades, y han abierto líneas de trabajo que continúan expandiéndose y produciendo a su vez cientos de investigaciones igual de interesantes. Algunos han llegado casi a crear disciplinas de estudio enteramente nuevas. Y sólo cito algunos ejemplos de los relacionados con mi campo, que es el que conozco mejor.  Cuando estas personas charlan coloquialmente y cuentan sus anécdotas en plan abuelo cebolleta, no puede uno sino admirarse y constatar con asombro cómo realmente el único motor de la existencia de estos señores fue siempre el de SABER, el de RESPONDER preguntas, el de SOLUCIONAR problemas. Lo de los premios, el reconocimiento y todo lo demás, es algo extra, algo que a todos les vino cuando ya tenían su carrera más que asegurada y afianzada. Puede haber parte de impostada humildad o falsa modestia cuando ellos mismos lo afirman, pero escuchándolos realmente cuesta creer que no sea así. Por supuesto, a algunos se les habrá subido el premio a la cabeza, y todos conocemos abundantes casos de científicos que tras haber ganado un premio Nobel han sorprendido con derivas absurdas en sus carreras, con afirmaciones temerarias y sin fundamento, a veces rozando la pseudociencia. Ni que decir tiene que no todos los científicos brillantes son además personas majas y encantadoras, ni modelos de personalidad. Sin ir más lejos, esta misma semana y mientras tenía este post medio escrito, leí acerca de las desafortunadas declaraciones de uno de estos señores, pero dejaré que lo cuente mejor la compañera Molinos en este enlace, de forma más que clara y concisa. En fin, no dejan de ser personas, seres humanos con sus defectos y manías, y a veces, al fin y al cabo, personas mayores a las que se les va la olla, o personas no tan mayores a las que la olla nunca les llegó a encajar bien del todo.

Hasta aquí no descubro nada nuevo. Lo más interesante de la velada, y es principalmente sobre lo que quiero reflexionar, fueron las respuestas en torno a algunas cuestiones tocantes a cómo funciona la ciencia en la actualidad. Por un lado, acerca del actual sistema de publicación de artículos científicos; por otro, en cuanto a la labor del científico en relación a la comunicación de sus resultados hacia el gran público; también en cuanto a compaginar la vida científica y la familiar; y finalmente, en cuanto al aparente auge de pseudociencias y terapias alternativas sin respaldo científico.

Randy Schekman 8 February 2012.jpg
Aquí podemos ver a Groucho Marx Randy Schekman cogiendo aire, a punto de poner a parir a los editores de Nature (imagen: Wikipedia)

Las respuestas en cuanto a estas cuestiones tan diferentes, puede resumirse bajo un denominador común: los "laureados" demostraron, a mi humilde juicio, pertenecer sin lugar a dudas, a otra época. Si bien alguno como el polémico Randy Schekman sigue dando caña con el tema de la evaluación de los trabajos científicos y el sistema de publicación de resultados, el resto parecían resignados a no usar su influencia más que para inspirar a los jóvenes y servirles como ejemplo; ni eran conscientes del auge de las pseudociencias (alguno directamente malinterpretó la pregunta sobre este tema, afirmando que muchas de esas terapias milenarias que parecen funcionar, simplemente aún no han visto desvelados sus mecanismos de acción por falta de investigación), ni de la importancia de potenciar la labor divulgadora de los científicos, más allá de la colaboración con los periodistas. Tampoco parecían percatarse de que tal vez el hecho de que no hayan tenido que hacer grandes sacrificios en su vida personal (como afirmaron la mayoría; JA, ya comenté en este post que si para ganar un Nobel hay que pasar día y noche en el laboratorio, conmigo que no cuenten) sean porque sus parejas sí lo hicieron, y en un mundo actual tal vez no podrían haberse desarrollado como antaño. Por no hablar del que hizo el chistecito (no recuerdo quién fue en concreto) de responder "yo solucioné lo de compaginar la vida laboral y familiar al estilo francés: ¡me casé con mi estudiante!" - risas entre la audiencia. Ejem.

Lo cual me lleva a mi reflexión final: la imagen dada desde fuera, de este grupo de científicos, era la de unos venerables ancianitos, blancos y ajados, bastante homogéneos de no ser por su diferente procedencia y nacionalidad. Está claro que las nuevas generaciones de premios Nobel deben ser diferentes, la presencia de las mujeres debe ser mayor, pero más allá de esto, espero que además sus preocupaciones y percepción de la interacción entre la ciencia que hacen y el mundo que habitan debería ser mayor aún. 

Puede que esté sacando demasiadas conclusiones de un corto evento y apenas unas cuantas preguntas y sus respuestas; pero mi impresión general quedó marcada por esa sensación de que el ejemplo a obtener de estos señores pasa exclusivamente por sus trabajos y su actitud hacia la ciencia, por esa curiosidad máxima y esa necesidad de ser los primeros en descubrir y revelar los misterios de la vida; pero el mundo cambia, la ciencia cambia, las sociedades cambian. Y ni se investiga ahora como hace años, ni se dispone de la misma tecnología, ni el acceso a la información ha sido nunca como  lo es hoy. El caso de la línea de investigación que ha llevado al descubrimiento del Bosón de Higgs o los equipos multidisciplinares que analizan genomas completos o resuelven estructuras de proteínas, formados por decenas, cientos de investigadores, demuestran que los hallazgos que cambiarán nuestras vidas en el futuro no pasan por un par de cabezas osadas y geniales, capaces de responder preguntas complejas gracias a grandes dosis de ingenio, perseverancia, imaginación y muchas horas de trabajo contra viento y marea. Probablemente ambas formas de afrontar los problemas de nuestro entorno convivirán en un futuro para ofrecernos más ejemplos, tanto individuales como colectivos, de investigadores asombrosos y trabajos impecables. 

Así que mi mayor alegría fue constatar que mis compañeros científicos sentados entre los "preguntadores", los realmente jóvenes, fueron los que hicieron las preguntas más críticas: fueron los que indagaron acerca de la relación entre vida laboral y familiar, por la responsabilidad del científico en la comunicación de la ciencia, en la lucha contra la pseudociencia, y contra la tiranía y la desproporción de los sistemas de publicación y evaluación de proyectos de investigación (esto último fui yo quien lo preguntó, a lo que los señores Nobel me aconsejaron que simplemente pidiera dinero para proyectos en los que ya tuviera resultados seguros; es decir, lo que ya hacemos siempre, nada nuevo en el horizonte, véase el gráfico más abajo). Estos son temas cada vez más en entredicho, a su vez síntoma de que el mundo cambia más rápido de lo que somos capaces de reaccionar. 


Creo que el contacto con los premios Nobel es muy beneficioso; pero la mayor experiencia que podemos extraer de ello es aprender a valorar no sólo el arrojo, la entrega, la pasión por resolver problemas, la necesidad de ser creativos y de inventar soluciones cuando estas no existen, todo encaminado a generar conocimiento; sino especialmente, el ser conscientes de que ese conocimiento no debe servir únicamente para atesorarlo y para inspirar a los demás, sino también para cambiar el mundo en que vivimos. 



lunes, 25 de mayo de 2015

Principia: mucho más que una revista de ciencia

Este iba a ser un post de propaganda, para dar publicidad a un proyecto del que formo parte y en el que creo profundamente. Pues bien, la mejor publicidad que puedo hacer es simple y llanamente decir que este post... ya casi no hace falta.



La mayoría estaréis familiarizados con el concepto de "crowfunding" o financiación colectiva. Básicamente, las personas interesadas en un proyecto o producto, hacen aportaciones económicas gracias a las cuales este se financia. Si se alcanza el objetivo requerido, el proyecto o la producción en serie del objeto en cuestión tendrá lugar, y cada "aportador" (ostentosamente denominado "mecenas") conseguirá su recompensa, que va desde el producto en sí mismo, hasta una serie de extras que suelen ir en función de la cantidad aportada. Esta ha sido la manera en que se ha optado por financiar la revista Principia, versión en papel de la página web con contenidos culturales de amplio espectro y en la que el diseño, la estética y el arte son indisolubles del contenido de sus artículos, independiente de la temática. ¿Qué tienen en común los artículos que se publican en Principia? Hablan de la vida, de nuestro planeta, de nuestra especie, de nuestra historia, de cuestionar lo que nos rodea, de ir más allá de lo que nuestros ojos ven... llamar a esto "ciencia" sería quedarse tremendamente cortos; nosotros decimos que es "cultura", y creo que esto es bastante más acertado. Conscientes de lo importante que es, no obstante, el componente visual para unos primates como nosotros, Enrique Royuela, Cristina Escandón y el resto de creadores de Principia (secundados por una hueste de locos arrejuntados desde los tiempos de Journal of Feelsynapsis, como el que suscribe y otros tantos ilustradores, diseñadores gráficos, periodistas, y escribientes de toda índole) hemos apostado por crear en paralelo una publicación tangible, preciosista, cuidada hasta el mínimo detalle. En estos tiempos digitales, nos lanzamos a la piscina con una publicación gordota, vistosa y espectacular, con contenidos tan rigurosos y elaborados como los de la web, pero con el aporte especial de constituir un artículo de coleccionista, un volumen que destaque en las estanterías de cualquiera que goce leyendo y deleitando su vista con una publicación de calidad. 

En apenas la mitad del tiempo estimado, se ha conseguido alcanzar la primera cifra planteada como mínima para conseguir imprimir y enviar las revistas a sus compradores. Esto de por sí ya indica el grado de confianza y expectación que ha despertado el proyecto. ¿Está ya todo conseguido? En absoluto. Principia quiere ser una publicación periódica, quiere crecer, quiere ganarse un lugar en vuestros corazones, además de en vuestras estanterías; y para ello, hará falta más aporte económico. Por no mencionar que una de las metas es conseguir que exista una cierta remuneración para todos los implicados: sí amigos, resulta que las cosas bien hechas, no siempre son gratis. Sé que es un duro golpe, pero tenéis que saberlo. 

Así que si os convencen los argumentos de posts como este, o el texto que acompaña la promoción del proyecto (donde podéis ver detalles más concretos acerca de los contenidos y autores que podéis encontrar), no dudéis en participar, pero sobre todo en difundir, en pasar el enlace a vuestros conocidos, en comentarlo junto a la máquina del café, en la cola del supermercado, o durante el cigarrito de después. Que la gente sepa que todavía hay unos cuantos entusiastas capaces de invertir una gran cantidad de esfuerzo, pasión y tiempo en crear algo único, algo bien hecho, algo que esperamos sirva para iluminar un poquito las conciencias, para despertar curiosidad, inspirar ideas y alegrar días de otro modo monótonos. 


Me despido presentándoos un anticipo de mi doble participación en este primer número: por un lado, un artículo sobre implantes biónicos protagonizado por Lord Darth Vader, Señor Oscuro de Sith (un artículo en el que he actuado más de cinéfilo que de científico, tal vez) ilustrado de manera magistral por Irene Mateo:



Y por otro lado, en primicia primiciosa mundial, la revista incluirá una doble página protagonizada por los personajes de OOBIK, el cómic de bio-ciencia ficción que he creado junto al ínclito y superlativo Gerardo Sanz. Se trata de material original, especialmente creado para la revista, pero que complementará la primera aventura que vamos publicando periódicamente en nuestra propia web. De hecho, se presenta en esta doble página a un personaje que tendrá mucho que decir en las páginas venideras, del cual os dejo algunos bocetos para dejaros intrigados y con ganas de conseguir la revista a toda  costa:




Si con esto no he conseguido picaros, ya no sé qué más decir. Solo recalcar que, aunque aún no lo sepáis, QUERÉIS TENER ESTA REVISTA EN VUESTRAS MANOS. No dejéis pasar la oportunidad. Luego no digáis que no os he advertido.

ACTUALIZACIÓN: en la misma web de Verkami podéis leer el planteamiento del nuevo reto de financiación que se pretende alcanzar, en vista del éxito del primero.


lunes, 11 de mayo de 2015

Felicidades, Batablanca

Durante cientos de años, la Humanidad estuvo obcecada con el intento de replicar las condiciones en que la vida surgió por primera vez. Con cada nuevo avance tecnológico, decenas de científicos de distintas disciplinas se lanzaban a intentar replicar aquellos mecanismos que millones de años atrás produjeron una reacción en cadena de vida y evolución. No contentos con ello, con el tiempo alzaron sus cabezas hacia el cosmos con la esperanza de, tal vez, hallar allí la vida y las respuestas que les eran esquivos en sus laboratorios. 
Y perdidos en su obsesión, cegados por la necesidad de saber, fueron incapaces de darse cuenta de que lo que buscaban ya había sucedido ante sus propias narices.

Fue un 11 de mayo de 1959. En un tubo de ensayo olvidado en una gradilla de un discreto laboratorio, donde se trabajaba en una nueva e incipiente disciplina conocida como biología molecular, una cadena de aminoácidos se replegó sobre sí misma tras una serie de intentos aleatorios, dando con una combinación de enlaces inédita hasta la fecha. Y así fue como, ajena al mundo exterior, la primera proteína consciente de sí misma llegó al mundo.

Durante años aquella proteína evolucionaría, según leyes físico-químicas que pasaron desapercibidas para la especie humana; en el más completo anonimato, compartió tubo y medio acuoso con nuevas proteínas que surgían al amparo de las condiciones únicas y prácticamente irrepetibles que la habían visto nacer. Y este microcosmos se vería posteriormente enriquecido por la manipulación de los embatados humanos que inconscientemente trabajaban utilizando esos tubos, rebosantes de vida molecular, trasladando sus habitantes de medio en medio, provocando increíbles aventuras y épicas intrigas moleculares desde la más absoluta ignorancia; ¡cuántos lamentos se sucedieron durante décadas, ante experimentos que inexplicablemente salían mal, ante reactivos de laboratorio que dejaban de funcionar espontáneamente! Si los desalentados experimentadores se hubiesen molestado en ir más allá, generaciones de premios Nobel se hubiesen otorgado a los curiosos que llegasen a indagar en los misterios del experimento fracasado; mas nadie llegó a hacerlo. El microcosmos proteico permanecería en el más completo desconocimiento... hasta que, de forma inexplicable, alguien comenzó a desvelar sus secretos.

El 11 de mayo de 2009, surgió un lugar en internet donde las aventuras y desventuras de estos seres proteicos eran detalladas con todo lujo de detalles. Nadie podría imaginar jamás que los delirios de aquel ocioso investigador que periódicamente publicaba la saga de intriga molecular más surrealista de toda la web bebía de acontecimientos reales, auténticos. Años tras año, esas recreaciones se han sucedido: desde la saga primera, hasta su precuela, pasando por aventuras paralelas, relatos individuales o peculiares reimaginaciones de esos mismos personajes. Aquel extraño blog, donde realidad y ficción se entremezclaban, sigue en activo: y solo podemos esperar que en él sigan sucediéndose estos sugerentes relatos moleculares que nos hablan de seres tan diferentes y a la vez tan iguales a nosotros, cuyas aventuras nos hablan de cómo somos por dentro, tanto espiritual, como celular, bioquímica y molecularmente.

Hoy, 11 de mayo de 2015, dicho blog cumple 6 años. Y pese a todo lo que ha pasado por sus posts, todas las anécdotas que ha recopilado, todas las referencias y homenajes que se le han dedicado... la mejor manera de celebrarlo es felicitar a su personaje más célebre, más longevo, y más entrañable.

Felicidades, Batablanca.



domingo, 19 de abril de 2015

Atención, peligro: ¡CIENCIA!

Hoy he visitado el oceanográfico de Valencia (L'Oceanogràfic), una de las más famosas atracciones de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y ciertamente uno de los acuarios más grandes e importantes de Europa (el más grande, dicen ellos). Podría comentar mil cosas al respecto, pero tengo sueño, poco tiempo, y simplemente he querido aprovechar el comentario de una anécdota de la visita para resucitar el blog. A ver si comentando chorradas a  base de posts cortos, publico más a menudo. A ver).  

Resulta que estábamos en la cola, y una chica muy maja con chaleco de "información" ha aprovechado para explicar cómo funcionaban varias cosas. En cierto momento, ha hablado de las entradas combinadas para varias partes de la Ciudad de las Artes y las CIENCIAS (las mayúsculas tienen explicación, seguid leyendo), y ha querido hacer hincapié en que una de dichas combinaciones incluía entrada al Museo de Ciencias Príncipe Felipe. Y entonces ha enfatizado, "pero ojo, que el museo es DE CIENCIA, que está muy bien eh, pero es DE CIENCIA, así que...". Para contextualizar un poco, las otras atracciones que se pueden combinar son el oceanográfico donde nos encontrábamos (todo el mundo tiene claro lo que puede encontrar ahí) y L'Hemisféric, que es un cine IMAX, donde lo que se proyectan son documentales. También ha hecho hincapié en que son DOCUMENTALES. Todos estos hincapiés eran para las familias con niños pequeños; obviamente, al crío de dos años lo puedo llevar a ver delfines, pero no un documental ni un museo. Pero por la forma en que lo ha dicho, iba más allá de referirse a los niños. Claramente pretendía ADVERTIR a los adultos que un museo de ciencia y un sitio donde proyectan documentales podrían defraudarles con una elevada probabilidad. Si esto me lo hubiesen dicho en la cola de un museo de arte, o un estadio de fútbol, o no sé, en el McDonald's (no voy mucho a estos dos últimos sitios, pero bueno, mesentiende), aún podría haberlo comprendido. Pero que en un lugar que pretende promover el conocimiento y respeto por los animales, en un sitio que se llama ciudad de las artes y las CIENCIAS, me ha dejado de piedra. Me dirán algunos que estoy exagerando, que quiero ver más allá o que lo habré mal interpretado. Puede ser. Tampoco soy yo tan obsesivo de la divulgación ni creo que haga falta que todo el mundo se lo pase cañón con las cosas de ciencia, y prueba de ello es que el post que tengo en borradores y que iba a publicar antes que este, va precisamente sobre ciencia aburrida. No es la primera vez que en la sociedad se asocia ciencia con aburrimiento, y en cualquier caso creo que se tiene muy asumido que cualquiera puede pasarse por el museo del prado y pasar un buen rato aun siendo analfabeto, pero si te metes en un museo de ciencia no entenderás nada, te aburrirás hasta la náusea y puede que incluso te obliguen a aprender cosas que no quieres. Seguro que muchos que me lean habrán pensado algo parecido en ocasiones. Y vale, para un niño de dos años puede que esos lugares no sean (aún) especialmente divertidos, pero coartar directamente a niños algo más mayores, o sencillamente transmitir la idea de que lo que expones en tus instalaciones es aburrido en vez de vender la moto de que es la repanocha, es algo que no acabo de comprender. 

En fin, valga esta (absurda) reflexión para resucitar mi pobre Jindetrés, y a ver si me animo y dejo de pensarme el publicar el mentado post sobre ciencia aburrida, para acabar de liarla. 

martes, 17 de febrero de 2015

Mi tesis NO es una mierda

Es algo bastante extendido. Será por el grado de escepticismo y visión crítica intrínsecos a la actividad científica, será porque somos todos unos llorones: pero a muchos de los que nos hemos enfrentado a realizar una tesis doctoral, cuando por fin hemos podido terminar el periodo de investigación, convertirlo en un librito y defenderlo ante un tribunal, se materializa en nuestra cabeza un pensamiento que arrastrábamos desde largo y nos acompañará mucho tiempo: mi tesis es una mierda. Tanto esfuerzo, tanta ilusión, tanta dedicación… ¿para qué? No he curado ninguna enfermedad, no he publicado en una revista de alto impacto, y no me van a dar ni un premio IgNobel. De hecho, ni yo mismo me creo mis resultados; les he dado tantas vueltas, he querido con tanta intensidad que fuesen de otra manera… que incluso dudo de su autenticidad. No digamos ya de su relevancia para el futuro de la comunidad científica. Reconócelo, lector en proceso de doctoración: alguna vez tienes que haberlo sentido (todo esto está estudiado, se llama “síndrome del impostor” y nos habló de ello el siempre infalible Copépodo).


Y si no sabes de qué va esto, igual eres de los pocos suertudos que sí cumplieron algunas de esas expectativas iniciales. A lo mejor eres tan brillante que jamás dudaste de tu éxito y lo puedes enarbolar con orgullo. En tal caso: enhorabuena, te felicito. Puedes considerarte afortunado. Pero entonces este no es tu post, puedes seguir leyendo pero no creo que encuentres nada de interés. Así que deja que tus compañeros menos afortunados, pero muchos de ellos tan brillantes como tú o más, se consuelen con la humilde experiencia de alguien que pensó durante mucho tiempo que  su tesis era una mierda, pero que ahora la mira con gran orgullo y satisfacción.

Sin más dilación, aprovechando que justo hoy se cumplen 6 AÑAZOS desde que defendí a capa y diapositiva mi tesis doctoral, os voy a contar una historia de abuelo cebolleta...

jueves, 12 de febrero de 2015

Breaking Charles

Tal día como hoy, en 1809, nacía Charles Robert Darwin. 200 años después, un recién creado blog científico-lúdico aprovechaba el aniversario del acontecimiento para convertir la figura de este naturalista, uno de los más importantes en la historia de la ciencia, en un referente propio. Los cortometrajes protagonizados por un moderno e irreverente Darwin se han ido sucediendo puntualmente. Hoy, en el 206 aniversario del nacimiento de Darwin, el personaje se reencarna en el cortometraje definitivo. Fruto de la pasión del que suscribe estas líneas y Pablo Luján (Lujancio para los amigos) hacia la serie Breaking Bad, os presentamos una historia en la que los homenajes, la parodia, la autocrítica y las referencias ocultas se mezclan en un cóctel explosivo. Tanto si habéis visto los cortos anteriores como sino; tanto si idolatráis la serie de referencia como si ni siquiera la conocíais, esperamos que podáis disfrutar y que os echéis unas buenas risas. No creo que esto pueda llamarse "divulgación científica"; pero el espíritu es el mismo que el de la mayoría de material presentado en este blog. Un cortometraje divertido, en el que se parodian hechos y personajes relacionados con el mundo de la ciencia, de la investigación, y de la divulgación. Puede que sirva para acercarle la ciencia a alguien, pero sería absurdo negar que hacemos esto porque nos encanta el cine, nos apasionan series como Breaking Bad, y porque para nosotros una tesis doctoral es algo que bien merece uno y mil cortos. Hemos puesto mucho esfuerzo y mucha pasión en desarrollar esta aventura, lo más parecido a una película que hemos hecho jamás, con unos recursos ínfimos: en otra ocasión contaremos el "making of", y alucinaréis con las condiciones en que se ha rodado esto. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible y nos habéis soportado, más allá de los que aparecen en los agradecimientos del video; no voy a decir nombres específicos porque algunos han preferido permanecer en el anonimato, pero ellos ya saben a quién me refiero.

Dedicado especialmente a todos aquellos que han sufrido alguna vez la odisea de hacer una tesis bajo el yugo de un director difícil. Con todos vosotros... Breaking Charles.



P.D.: hoy cumple años también una de las personas más molonas de la blogosfera, @molinos1282: ¡Felicidades Moli! Qué gran honor compartir efemérides con el más grande entre los grandes.

miércoles, 4 de febrero de 2015

"Maestros de lo invisible": visibilizando las enfermedades raras a base de charlas y entrevistas

Ya os anticipé  hace unos meses que mi participación en el evento de divulgación científica Desgranando Ciencia 2 sería principalmente en una sesión titulada Raras pero no invisibles. Fue una experiencia increíble, una sesión en la que tuvimos la oportunidad de dar nuestro punto de vista investigadores (yo mesmo, a continuación), pacientes (el compañero de Hablando de Ciencia José Luis Moreno en "Yo también soy raro" y Julián Isla en "Pacientes impacientes") y profesionales de la divulgación de las enfermedades raras (el tocayo y amiguete Carlos Martín Guevara como moderador de la sesión y la mesa redonda final). Os invito a ver todos los videos etiquetados como Raras pero no invisibles en el canal de youtube de Desgranando Ciencia 2014. Bueno, y ya de paso, ved el resto de las charlas del evento, que no tienen desperdicio. Por lo pronto, contraviniendo la sana costumbre de mantener mi velluda jeta en el anonimato blogueril, y como excepción histórica, inserto aquí el par de videos que se corresponden con mi charla y la mesa redonda con que concluyó la sesión, donde también solté un buen rollo:




Y ya que se abre la veda, he pensado que este mismo post serviría para recopilar una serie de intervenciones (algunas motivadas por el mismo evento) en radio y TV, en las que salgo explicando un poco más todas estas cosas que cuento en la charla. La entrevista más extensa me la hizo hace unas semanas el amigo José Antonio López Guerrero, más conocido como JAL, en su programa de Radio 5 Entre Probetas; esta entrevista es larga y hablo en detalle de la enfermedad de Lafora, en la que he trabajado durante los últimos cinco años:

Entre probetas. Enfermedad de Lafora. Enfermedad epiléptica rara.

También por parte de JAL, en otro de sus espacios de Radio 5, un resumen de la relación entre el estrés oxidativo y la enfermedad de Lafora:


También me entrevistó María José Moreno, la más dicharachera reportera de radio de la región de Murcia, en su programa de ciencia Kítaro de Onda Regional de Murcia:


Y finalmente, en las mismas inmediaciones del Parque de las Ciencias de Granada, me entrevistaron como ponente en las charlas para Canal Sur TV; gracias a Diego García y el resto del equipo del programa CON-CIENCIA, que hicieron un reportaje completísimo donde se pueden ver fragmentos de las charlas y de las entrevistas que nos hicieron:


Bueno, pues ya está hecho. He de decir que a muchos les parecerá un farol, pero en realidad siempre he sido muy vergonzoso; de hecho rara vez escucho las entrevistas o veo las charlas a posteriori, prefiero cómo quedan de chulas en mi memoria. Eso es asín. Pero creo que la divulgación de la investigación en cualquier campo, y especialmente en uno de calado social tan importante como es la biomedicina en general, y las enfermedades raras en particular, bien vale la pena tragarse las vergüencitas y contribuir un poco  a la difusión del tema. Y si ha quedado cutre o las respuestas no han sido muy poco precisas o aclaratorias, pues a escucharlo todo bien y a mejorar para las siguientes. En próximos posts volveremos a la programación habitual de chorradas científico-lúdicas, no os preocupéis.