sábado, 4 de octubre de 2014

Cómo NO ganar un Nobel

 
Hace unos días me encontraba yo en un congreso científico enfocado en la investigación de los radicales libres. No se trataba de analizar el comportamiento de alborotadores, terroristas ni partidos políticos minoritarios que amenazan con cambiar las cosas; sino de profundizar en el papel que juegan, dentro de nuestras células, los subproductos químicos generados por el oxígeno que las células utilizan para obtener energía. Le tocaba el turno a un investigador israelí llamado Abraham Reznick, que iba a contar cómo el humo de los cigarrillos afecta en particular a las células musculares, y la relación entre una dosis continua de dicho humo y el desarrollo de sarcopenia o degeneración muscular (pista: la cosa no acaba bien para los fumadores). Independientemente del interés del tema y de la calidad de los resultados (ambos sobresalientes), la charla comenzó muy bien porque el investigador era un señor bastante entrado en años que hablaba con desparpajo y gran sentido del humor, lo cual siempre se agradece en estos entornos. Uno de sus chascarrillos para caldear a la audiencia es el que motivó el presente post, así que lo contaré en detalle.


Bonito sitio para hacer una tesis o un postdoc. Sobre todo si te toca en una de las torres altas y tienes vistas al mar (sacada de la web oficial, por si alguien quiere probar suerte a ver si dan curro).

El hombre mostró una imagen de la ciudad donde vive y trabaja, Haifa, un sitio bastante chulo situado al borde del mar y rodeado por varias colinas. El centro de investigación era el Technion - Israel Institute of Technology, dotado de un edificio con impresionantes torres, justo en una de las prominencias del terreno que entran al mar. Una ampliación de la foto donde aparecía el edificio nos mostró una vista que según él, era como se veía desde su propia casa. Y entonces lanzó la típica broma de que como veía el edificio desde su comedor, con unos prismáticos podía comprobar si estaban las luces del laboratorio encendidas. Como nunca las encontraba de tal manera, les preguntaba a sus jóvenes investigadores que cómo era eso, y entonces ellos replicaban que hombre, que cómo iban a trabajar por las noches. Ante tan lógica respuesta él, intrigado, se preguntaba por qué en el piso de abajo siempre estaban las luces encendidas; y tras meditar un poco más, se percató de que dicho piso correspondía con el laboratorio de otro investigador israelí: Avram Hershko (al parecer este nombre es el "Pepe" de los israelíes), nada más y nada menos que el ganador de un premio Nobel en 2004 por los trabajos que condujeron al descubrimiento de la ubicuitina, molécula de importancia capital para el metabolismo celular (y a la que personalmente debo agradecer gran parte de mis resultados en los últimos años, aunque el amigo Banchsinger le debe ni más ni menos que una tesis doctoral).
 

JamoninPathway

Un clásico del blog, la analogía divulgativa definitiva, el súmmum del científico-ludismo: la jamonina como metáfora del proceso de ubicuitinación celular (véase este enlace).
 

La conclusión de tan curiosa como poco imaginativa historieta era obvia: “¡Ajá!" – espetó a sus trabajadores - "¡ya sabéis: si queréis ganar un Nobel, hay que venir a trabajar por las noches!”. La audiencia rió, el hombre sonrió satisfecho, y pasó a contarnos sus resultados. Pero mi sentido bloguérico ya había sido activado: aquí había tema para post. Era la excusa perfecta para hablar de la sempiterna idea de que los investigadores científicos somos tan apasionados y vocacionales que estamos dispuestos a sacrificar todo en nuestra vida con tal de desvelar los misterios de la naturaleza; y ya de paso, si resultamos inmortalizados para la historia y nos dan una medallita en Suecia, nuestra vida habrá valido la pena. 

Pues a mi esta visión me toca los gametos a dos manos. Me dieron ganas de levantarme y gritarle al conferenciante algo así como “¡Qué valor, qué ganas de amargar a sus estudiantes, de generar presión innecesaria y de saltarse a la torera los derechos laborales que tantos años y esfuerzos han costado en muchos países…!” y un largo etcétera de perorata reivindicativa. Durante toda mi carrera me he encontrado con esta actitud en la mayoría de ocasiones: que si “el becario que pregunta cómo se entra al centro los fines de semana es el que llegará lejos”, que si ”a las siete de la tarde en el laboratorio de menganito ya no había nadie, fíjate tú”, que si “nada de leer los artículos o escribir la tesis en el laboratorio, que eso se hace en casa”… me dieron ganas de gritar que todo eso eran patrañas, y que no hacía falta para ser un científico de renombre, un gran profesional de la ciencia, o para ganar un Nobel.

“¡Un momento!” – gritó una vocecita dentro de mi pixelada cabeza – “Litos, ¡ahí te has columpiado!”
Y como a mi me gusta ser autocrítico, y en general suelo hacer caso cuando me gritan dentro de la cabeza, recapacité sobre esta cuestión y al cabo de no mucho rato llegué a la siguiente conclusión:

SÍ, ES MUY POSIBLE QUE PARA LLEGAR A GANAR UN PREMIO NOBEL UNO DEBA PASAR MUCHAS NOCHES EN EL LABORATORIO Y PRESCINDIR DE MUCHAS OTRAS COSAS EN LA VIDA (las conclusiones importantes las pienso siempre en mayúsculas, para que no se me olviden)

Pero al mismo tiempo, esta conclusión me llevó a plantearme la siguiente cuestión, que podría ser una contra-respuesta pero sobre todo, es la pregunta que plantea un debate más interesante y menos debatido, en mi opinión:

¿HACE FALTA GANAR UN NOBEL PARA SER UN BUEN INVESTIGADOR?

A lo que me gustaría pensar que se puede responder un rotundo NO. Incluso me atrevería a decir que no habría grandes hallazgos y descubrimientos, ni grandes científicos, si no hubiese a su alrededor una cantidad ingente de buenos científicos, científicos normalillos e incluso científicos mediocres. ¿Acaso todos tienen que aspirar a cambiar el rumbo de la Humanidad? ¿Hay algo de malo en disfrutar más o menos del trabajo científico, pero valorar aún más la vida personal o incluso el ocio? ¿No valen nada los trabajos y la experiencia de todos aquellos que dedican sólo parte de su vida a investigar, a formar parte de proyectos que sin esa mano de obra imprescindible jamás podrían salir adelante? Creo que todo esto es bastante obvio. Exigir a todos los trabajadores en investigación científica que se comporten como si quisieran ganar un premio Nobel, en pos de una supuesta y abstracta “excelencia”, es un absurdo. Sería como despedir a todos los bomberos que no hayan salvado jamás a un bebé en llamas saltando de la sexta planta de un edificio ardiendo. ¿De qué serviría un cuerpo de bomberos formado por una plantilla de apenas una docena de bomberos, por muy fornidos, bravos y experimentados que fuesen? Pues al parecer eso es lo que se nos exige a los trabajadores científicos.



Lo más increíble es que buscando fotos de bomberos y bomberas cachondos, al parecer la que escogí como más impresionante de entre los primeros corresponde a un profesional de verdad (véase el enlace, donde hay más ejemplares sobrecogedores). La chica parece que no, que sólo finge saber manejar las mangueras, y está sacada de aquí.


No quisiera transmitir la idea de que el trabajo en investigación es un lecho de rosas. Por supuesto que hay jornadas eternas, semanas o meses de locura, experimentos infernales que requieren horas y horas de atención, y es inevitable salir tarde o acudir al laboratorio muchos fines de semana. Pero estos casos deben ser la excepción inevitable. Uno debe de tener la suficiente cabeza como para decidir qué experimento es crucial, cuándo es imprescindible alargar la jornada. Momentos puntuales que coinciden con fechas límite para entregar trabajos o presentar resultados, solicitar proyectos, o casos parecidos, suelen dar lugar a periodos frenéticos. Pero hacer de esto la norma general, convertir la jornada laboral en algo de por sí alargado y constantemente esclavista, conduce a la errónea idea de que en ciencia se correlaciona el tiempo invertido con los resultados obtenidos. No amigos, hay demasiados factores involucrados, no voy a repasarlos todos. Así que la idea que  me queda en la mente es que seguramente por muy genio que seas, si no echas más horas de las que tiene un día en trabajar, pensar y sobre todo en pensar y trabajar, es imposible llegar a resolver alguno de los grandes misterios de la ciencia, no digamos ya ganar un Nobel; pero esto no significa que el que sí lo hagas, te convierta en un genio, ni te granjee el éxito. Así que esta actitud debería ser una opción personal, que cada cual dedique el tiempo que quiera en su trabajo; pero por favor, no transmitamos la idea de que hay que pasar obligatoriamente la mayor parte de tu tiempo pensando en el trabajo, no asumamos que todos los que lo hacen son unos máquinas y los que se van a la hora que fija su turno de trabajo según contrato laboral, son unos vagos. No va a haber manera de trabajar en esta profesión si no tenemos a un grupo cohesionado de gente contenta con su trabajo, que le pone cada uno las dosis de ganas necesarias. Además no hay que olvidar que hay quien necesita más y quien necesita menos tiempo para rendir lo mismo, quien tiene las geniales ideas mientras juega al buscaminas, y quien si no lee tres artículos al día no sabe ni en qué está trabajando. Y todos ellos son igual de válidos, de necesarios, y si no sumamos un auténtica masa crítica de trabajadores científicos que conformen equipos multidisciplinares y polifacéticos, no habrá forma de que ni los más genios ganen sus premios Nobel.



Me recuerda las monedas de chocolate que daban en las bolsas de los cumples (imagen)

Me temo que todo esto pueda entenderse de una manera muy simple y obvia: "tú, oh investigador pringado que nunca has destacado, te enrabias porque no has tenido los arrestos suficientes para dedicar tu vida a la ciencia como Darwin manda, y quieres limpiar tu conciencia intentando convencer a todos de que tu insignificante trayectoria es tan válida como las demás."

Pues bueno, es un temor con el que puedo seguir viviendo y blogueando. Tal vez incluso sea una verdad que insisto en querer negar. Los lectores juzgarán, que para eso están. La verdad es que personalmente considero mis años de investigación como bastante productivos y útiles, creo que me he implicado siempre al máximo de mis posibilidades y que nunca me he escaqueado de nada. Incluso estoy orgulloso de algunos resultados obtenidos, y creo sinceramente (díganme optimista) que servirán de algo, a alguien, en el futuro. Pero siempre he tenido muy claro que mi vida personal estaba primero, y hay muchas, MUCHAS cosas en la vida que me gustan tanto e incluso mucho más que la ciencia (¡ala lo que ha dicho!). Intento transmitir a mis estudiantes y a los jóvenes investigadores a mi alrededor mi gran entusiasmo por la biología molecular y mi pasión por el trabajo de investigación, pero al mismo tiempo les aconsejo que se planteen seriamente si están dispuestos a sacrificar muchas cosas por algo que puede causar el mayor de los desamorres (viene a cuento esta genial carta de Lucas Sánchez/@sonicando, imprescindible para todo aquel que empiece... o continúe en ciencia). Me es muy triste que se exija a este colectivo sacrificar todo y a todos por servir a la ciencia como antaño se instaba a los jóvenes a enrolarse para luchar por conceptos tan abstractos como la patria. No hace falta todo eso para poner un granito de arena, para ayudar a otros, para inspirar a los que vendrán, para descubrir pequeñas cosas que van abriendo caminos. Cada uno es libre de querer hacerlo, por supuesto, pero no debe asumirse que es LA ÚNICA manera de hacer ciencia. Y en todo caso - me apena tener que añadir esto pero es la triste realidad -, les aconsejaría que si de verdad quieren llegar lo más lejos posible en el camino de la ciencia, se aseguren de hacerlo en un lugar donde este esfuerzo se valore y recompense como merece. Porque encima, además, por si no fuera poco, y por añadidura, en este país que habitamos ni siquiera se garantiza que una carrera intachable plagada de resultados y éxitos garantice un puesto de trabajo a la altura de tan magna trayectoria. 

Terminaré esta (absurda) reflexión rompiendo una lanza a favor de los galardones y los genios adictos al laboratorio, para que no se diga. Hace unos años pude escuchar en directo al mismo Avram Hershko (sí, el del ya lejano segundo párrafo) en una charla, contando la historia de cómo descubrió la ubicuitina junto a sus colaboradores. Fue emocionante, inspirador, impresionante. De verdad que admiro y respeto a los investigadores como él, y doy gracias por su arrojo, su paciencia y resistencia frente a la adversidad en su odisea por conseguir desentrañar estos misterios de la vida orgánica. Pero en ese mismo momento ya supe que, por mucho que me inspirara, yo nunca jamás podría llegar a hace algo parecido; y lejos de sentirme humillado, empequeñecido, o dejarme llevar por la envidia… me dije a mí mismo que yo tenía otras cosas que ofrecer, otras virtudes, otras formas de disfrutar la ciencia, desvelarme por ella y conseguir que algún día el conocimiento de la humanidad sea mayor que el que yo he vivido. Entre esas formas están enseñar a otros con mi experiencia, ayudar a todos los que me rodean en el día a día, ser honesto con mis resultados, riguroso y metódico en mi trabajo, enseñar a los que llegan nuevos y tutelar a algunos que tal vez, ellos sí, lleguen algún día a cambiar algo. Igual que él me estaba inspirando a mí en aquel instante (salvando las distancias, claro). Y por supuesto, siempre queda el recurso de escribir mis experiencias, inquietudes, temores y reflexiones, en un absurdo blog: nunca se sabe quién puede sacar provecho de todas estas tonterías, aunque sea para dirigir sus esfuerzos en dirección totalmente contraria.

Y quien diga que escribir en un blog no es sacrificado ni quita horas de una vida… es que sabe menos aún de escribir, que de ganar premios Nobel.

8 comentarios:

  1. Para que esos ejemplares que habitan en la cola derecha de la distribución existan tienen que existir el resto, incluso los que están por debajo de la media y que, además, son sincebollistas los muy canallas.

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  2. Macho, espero que algún día escribas algo con lo que no esté de acuerdo. Arriésgate y di que el jamón está asqueroso o algo porque hasta ahora leo en tu blog mis propios pensamiento. Sin duda no todo el mundo aspira a ganar un premio Nobel y menos mal... porque si todos aspirásemos a el y trabajásemos seriamente para conseguirlo, menuda panda de hijos de "señoras que ganan dinero a cambio de sexo" estaríamos hechos (que no te digo yo que ya no haya mas de un toca bolsas escrotales por ahí y muchos ladrones de ideas y puestos en la cola).

    No hay un "el mejor" sin una gran masa crítica de "los demás"... y el segundo mejor o tercero es mejor en algo... es ser muy bueno. No, no hace falta tener uno de esos premios para ser un buen científico. Es mas, en algunos casos es hasta contraproducente porque acaban dando tantas conferencias y asistiendo a tantas reuniones que dejan de investigar, abandonan a sus alumnos a su suerte y desatienden el nido de culebras con las luces encendidas toda la noche que dejan en casa.
    Algunos simplemente queremos trabajar bien, ser rigurosos en nuestros puestos de trabajo y acabar las jornadas laborales con un merecido descanso y no con un inevitable dolor de espalda-cuello-culo-manos. Y efectivamente, no todos aspiramos a ganar premios. Es como si todos los pintores aspirasen a ser Picaso... y si usted no sabe pintar como picaso pues quédese en casa. Es como si todos quisiéramos ser Mozart.. y si usted no compone como Mozart pues deje la música. Pues con esto pasa igual. Si no va usted a pasar todos los fines de semana en el laboratorio ni trabaja 12 horas no es usted un becario esmerado, se tiene que ir después de mi y venir antes que yo... bueno, pues ya lo haré cuando cobre lo mismo que usted y/o tenga a tanta gente a mi cargo.

    Cuando en los círculos mas cercanos planteas que estas pensando en re-dirigir tu carrera hacia otra cosa... lo ven como un fracaso yo siempre digo. ¿Fracaso? ¡Que leches, Fracaso es dedicar toda una vida al trabajo y méritos de otro!, ¡Fracaso es no explotar el potencial que tengo en otros ámbitos y despediciarlo en algo que cada día me aliena mas!, eso si es fracaso. Dejar la investigación y redirigir mis esfuerzos a la docencias o divulgación o a hacer jarrones de barro no es fracasar, es cambiar en el momento que estimes oportuno. En su momento decidí entrar en ciencia y nadie me dijo "ERES UN CAMPEÓN Y UN GENIO POR ENTRAR EN CIENCIA", pues de igual modo nadie puede ver como un fracaso o un handicap dejar la carrera investigadora para hacer otra cosa.

    Y dejo ya de escribir que sino me pasa como siempre y te escribo un post aquí en los comentarios.

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  3. Amigo, como se te va la pinza. Eres el Terry Pratchett del bloguerismo serio.

    Recuerdo aquella charla de Avram Hershko, creo que estaba sentado a tu lado o bastante cerca, en aquel entonces aun vestías greñas y barbacha. La recuerdo por dos cosas: porque a mi se me quedo grabada en la cabeza, al contrario que a ti, la idea de que el Nobel lo había conseguido con tesón y trabajo pero también con mucha suerte; y porque su apellido (Hershko) era el apodo de William Adama cuando aun era un piloto de combate en la primera guerra Cylon.

    Yo desde luego no me metí a científico para ganar un Nobel, dudo que nadie lo haga por eso. Si alguien lo hace así o por el camino se marca ese objetivo, probablemente sea un amargao y se mueva rodeado por una aura de hijoputismo toda su larga y fructífera vida. La historia puede dar fe de ello.

    El que los grandes logros (muchas veces valorados bajo prejuicios políticos, favoritismos, contactos y ya tal) sean fruto de un trabajo exhaustivo y dedicado hasta la extenuación, esta bien, y está claro que no todo el mundo lo puede hacer. El problema es que se le ha vendido a la sociedad que la ciencia solo la pueden hacer supermanes genialísimos. Y lo que es peor, que muchos de esos supermanes asumen que su camino era el bueno y el único y lo imponen con ideario de hierro como si la ciencia aun fuese cosa de elites cuando igual lo único que los distingue de otro que es más listo y se ha matao a currar más que ellos es solo la pura suerte. Pero la verdad es otra y a hemos hablado de eso por aquí (http://jindetres.blogspot.de/2012/04/ciencia-no-es-elite-o-donde-estan-los.html). Sin esa masa de pipeteadores anónimos estarían perdidos.

    No temas, que tu conciencia esté tranquila. Tu insignificante trayectoria es tan valida como las demás siempre que te hayas esforzado al limite de tus posibilidades. Si alguien, soberbio y crack te viene restregando la insignificancia de tu hacer en ciencia, verás como se achanta cuando le pongas encima de la mesa tus otras gordas y variadas mangueras. En fin, y ya si eso voy plegando que he empezao el comentario a las nueve de la noche y aun acabo ahora. Eso si, previa jarana discotequera que me he parrandeao con mis compañeras de laboratorio. Si alguna gana el Nobel un día dementará esta conversación del tirón por que ademas de buena gente, tienen nivel fiesta Sanfermin y alguna 3 sciences.

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  4. Yo siempre he dicho que hay gente que echa horas a lo tonto en el trabajo y gente que echa horas de calidad. Y normalmente el que echa horas de calidad es el que hace sus horas y se va.

    Cuando se convierte en costumbre estar 10-12 horas en la oficina llega un momento que como seres humanos tenemos que socializarnos. Entonces ves como esa gente organiza reuniones en las que la primera media hora es de jijijaja y tu te desesperas porque tienes que irte pitando a recoger a tu peque y estos perdiendo el tiempo. Luego se van a comer y no vuelven hasta las tantas, etc, etc. Al final el jefe les ve a las 20.00 currando y dice "qué profesional", pero si contabilizas el número de horas de calidad que ha dado a la empresa ya es otra cosa.

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  5. Uf, tocas muchos temas, demasiado para repasarlos todos (¿Sólo los nobeles son buenos científicos? Vaya, pues el ratio buenos científicos/total de científicos tiende a infinito), así que me voy a ir al más trivial ¿es necesario, o incluso bueno, pasar muchas horas en el laboratorio para ser un buen científico? Obviando temas de derechos laborales (para nada obviables) y evitando discutir qué es ser un buen científico (pongamos una definición amplia que la mayoría firmaríamos, un buen científico es aquel que contribuye al avance en el conocimiento de su campo, de manera acorde a los recursos con los que cuenta) en mi experiencia personal yo no encuentro una gran correlación entre tiempo pasado en el laboratorio y resultados científicos. Los factores, cómo bien dices, son muchos, y a mi si me gustaría hacer una pequeña lista, en ningún modo exhaustiva: inteligencia (sólo esta ya daría no para post, para blog), fuerza de voluntad, capacidad de relación social, suerte, morro, medios económicos de tu laboratorio, ambiente de trabajo, jefe, salud, más suerte, medios técnicos de tu centro, sexyness de tu tema, más suerte,... Algunos de ellos, además, son parcialmente excluyentes entre sí, especialmente a largo plazo: a lo mejor darse panzadas de 14 horas en el laboratorio para intentar superar una racha de resultados negativos no es la mejor idea (¿cuál es tu punto de ruptura con jornadas tan largas: dos semanas, un mes, tres meses? Cada persona es diferente, pero ninguna tiene una fortaleza emocional infinita). Dicho lo cual… trabajar más ayuda. Pero es que ser más organizado también ayuda. Al igual que tener más suerte, cambiar tu jefe por uno mejor o tener un técnico McGyver a tu lado. La ciencia es un trabajo de fondo, en el que quemarse por el camino es un riesgo real (muy real). Luego, cuidadín al balancear la ecuación abusando de una sóla de las incognitas.

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  6. Respondo en términos generales porque cada comentario aporta sensatez, experiencia personal y matices que toqué de refilón o ni siquiera contemplé. Parece que una de las conclusiones que puede extraerse de todo esto, además del valor de la "masa crítica", es el concepto de "horas de calidad". Yo creo que con el tiempo la experiencia me ha enseñado a optimizar muy mucho mis horas de laboratorio, a reducir el alcance de cada experimento hasta parámetros razonables, y cosas similares. Creo que este tipo de cosas se deberían enseñar desde el principio a los que empiezan, en lugar de inculcar que cuantas más horas, mejor. Por supuesto que no se puede hacer un manual universal, cada uno tiene su sistema, sus capacidades, sus aptitudes. Y el factor suerte, ¡ah, el factor suerte! Ciertamente no recordaba que Hershko lo mencionase en su charla, pero sin duda ese tema daría para una serie de posts llenos de ejemplos desmoralizantes por varias razones. En fin, hay que ponerle ganas y entusiasmo, tanto como sentido común; y trabajar duro, por supuesto, como en cualquier otro trabajo. Ni más, ni menos (que tampoco es poco).

    Gracias por sus sabias aportaciones, camaradas.

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  7. Hola Dr. Litos.
    Lo de pasar muchas horas en el laboratorio está muy bien al principio, sobre todo si lo haces por gusto y no si te lo exigen (directamente o indirectamente). El l aboratorio engancha mucho y cuando estás en los primeros años de tesis sueñas con ser importante y con la fama científica... Te lo dice una persona que incluso llamó al Telepizza una vez para que viniera a repartir una pizza al labo un sábado por la noche. Éramos jóvenes, snif, snif...

    Pasado ya un tiempo de madurez (pos tesis suele ser), ya la cosa te la tomas de otra forma. Te das cuenta que tienes que bajar el ritmo del laboratorio y escribir y estudiar más, cosa que tiendes a hacer en sitios más confortables como tu casa, tu mesa o tu sofá...

    En realidad, no dedicas menos tiempo a la ciencia. Solo reduces el tiempo del laboratorio y lo gastan en otras cosas más interesantes como leer, estudiar o incluso la divulgación (otra forma de estudiar y hacer ciencia).

    Y en cuanto a compararse con los grandes es peligroso. Es cierto que tener grandes metas ayuda pero es contraproducente a vaces. Los que ganan un Nobel no son solo buenos científicos..., son también buenos gestores, buenos políticos científicos, etc. Para ganar un Nobel se necesita un gran ejercito de científicos trabajando para ti y eso no todos lo consiguen. Moraleja: no solo sirve ser buen científico, tienes que ser "buen general" (llamese directores de grupo, directores de centros de investigación, etc.).

    Un saludo

    Germán

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